Hay que acabar con la indignidad laboral

Es tremendo hablar de esclavitud en el siglo en el que estamos, pero por mucho que nos alarme este concepto y que parezca algo manido, este concepto está presente en el mercado laboral de un país que se supone avanzado como es España. Y la definición de esclavitud laboral, sin quedarnos cortos, se refleja en la cara de cualquier camarera de piso, un colectivo que está siendo machacado por la involución en derechos laborales y gracias a las dos últimas reformas laborales.

Por mi responsabilidad sindical he tenido muchos encuentros con miembros de este colectivo y cuanto más escucho sus vivencias, sus condiciones laborales, su día a día… más me impulsan a seguir peleando por dignificar sus vidas. Porque no podemos consentir esta situación que se dilata en el tiempo.

Desde UGT Andalucía estamos llevando a cabo una campaña informativa y de denuncia con la que pretendemos cambiar la realidad de estas trabajadoras, pero para ello nos hace falta cambiar la otra parte de la balanza, la postura de los empresarios de la industria hotelera. Aquí más que nunca necesitamos que se equilibren las relaciones laborales, porque es obligatorio y casi una cuestión moral, dignificar un oficio esencial para la calidad del servicio hotelero.

Personas que, en su mayoría mujeres, están trabajando a destajo de forma encubierta. Con una lista de habitaciones que hacer en cada jornada y echando horas extraordinarias sin remuneración ninguna, sólo con el beneficio de que en su conciencia creen que así asegurarán unos meses más ese puesto de trabajo en los que, a veces, no llegan ni a dos euros la hora.

En ningún momento se plantean los trastornos musculo-esqueléticos que le quedarán de herencia tras toda una vida trabajando, ni las secuelas físicas y mentales que sufren a diario. Y esta situación en la mayoría de los casos no baja tras la temporada alta, se mantiene durante todo el año, porque tienen la misma carga de trabajo desde que abren los hoteles hasta que cierran, la regla es sencilla: Si hay menos clientes, hay menos trabajadoras, pero tienen que hacer las mismas habitaciones. Y por supuesto, no hablaremos de qué futuro les espera, si tendrán algún tipo de pensión, si habrán cotizado lo suficiente…

En UGT tenemos claro que vamos a apoyar con todas nuestras armas a estas mujeres, hasta hace poco invisibles y no vamos a parar de movilizarnos para mejorar sus condiciones de trabajo, porque deben tener un trabajo digno, con una carga de trabajo justa. Porque sus derechos son ninguneados por la patronal hotelera, que no cesa de tener más beneficios a costa de explotar a estas trabajadoras.

 

Artículo de Carmen Castilla publicado en El Economista

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